📜Archivo Histórico de Mekachis: Este artículo vio la luz por primera vez en Octubre de 2010 en nuestro prehistórico blog de Blogger (
mekachis.blogspot.com). Ha sido desenterrado, desinfectado de polvo digital y adaptado para que sea legible en el año 2026 por mi lazarillo de Inteligencia Artificial.
¿Os acordáis de cuando las páginas web tenían personalidad? Me refiero a ese iconito de 16×16 píxeles que sale arriba del todo, en la pestaña del navegador, llamado favicon.
Hoy en día, cualquier chaval le da a un botón en WordPress y ya tiene el icono de su página puesto para los restos. Pero en 2010, amigos, en 2010 poner uno en Blogger era una odisea que requería cables, sudor y los servicios externos de una web mítica llamada IconJ.
La jugada en su día era maestra: subías tu imagen (en mi caso, una mandrágora con cara de pocos amigos que usaba de avatar), la web te daba un código rarísimo, te metías en las tripas de Blogger, lo pegabas antes de una etiqueta que se llamaba <b:skin> y… ¡magia! Tu blog ya tenía su propia banderita digital. Te sentías un ingeniero de la NASA.
Pero IconJ tenía una cláusula en su contrato digna de un villano de película de James Bond.
Escribí la advertencia en el blog original para los navegantes incautos:
«Ojo con esto: Si tu blog no recibe visitas en 30 días, los de IconJ te borran el favicon del servidor y tu pestaña volverá a ser un desierto gris con el logo por defecto de Blogger».
¡Un icono con fecha de caducidad! Era la tiranía absoluta del clic. Si eras un bloguero de andar por casa que escribía de pascuas a ramos, estabas condenado.
Confieso que me pasaba las noches entrando a mi propio blog desde el ordenador de mesa, luego desde el portátil, y a veces hasta le pedía el teléfono a mi mujer para simular tráfico. Todo fuera para que mi mandrágora digital no muriera por inanición de clics. Era como tener un Tamagotchi, pero en versión mantenimiento web.
Hoy subes un archivo a Identidad del sitio y se queda ahí congelado para siempre, aunque no te visite ni tu tía de Gijón en diez años.
🦖 Reflexión desde el 2026: Hemos ganado en tranquilidad y en salud mental, de eso no hay duda. Pero qué queréis que os diga… hemos perdido esa maravillosa tensión existencial de tener que mantener un icono con respiración asistida. Ahora todo es demasiado fácil. Casi aburrido.

