(Hoy es un mercadillo que me marea)
En 2009, Spotify no era una aplicación, era un estatus social. No podías simplemente bajarte el programa y ponerte a escuchar música. Necesitabas una invitación.
Recuerdo mendigar invitaciones por los foros de internet como si fueran pases VIP para la mejor discoteca del mundo. Cuando por fin conseguías una, te sentías el rey del mambo. Abrías el programa en tu ordenador y era una maravilla de la ingeniería (de la de antes, de la buena): un fondo oscuro, un buscador, y una lista de texto claro. Buscabas a Víctor Manuel, a Pink Floyd o a los Dire Straits, hacías doble clic y sonaba. Punto. Como un cuadro eléctrico bien montado: cada cable en su sitio y sabiendo perfectamente lo que hace.
Avancemos rápido hasta el año 2026.
Hoy abres Spotify en el móvil para poner un poco de música mientras bajas a dar un paseo por La Barquerina, y la aplicación te asalta como un vendedor a pie de calle. Ya no hay una lista clara. Ahora tienes carátulas gigantes que se mueven solas, vídeos cortos, botones que cambian de sitio con cada actualización y un «DJ Inteligente» que no se calla.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es intentar encontrar un simple botón de «Play» con mi visión residual.
Os aseguro que descifrar la interfaz moderna de Spotify requiere más esfuerzo visual que soldar un microchip a oscuras. Te meten pódcasts sobre crímenes sin resolver, audiolibros sobre cómo ser un líder de éxito y recomendaciones de reguetón cuando tú solo querías escuchar la misma lista de clásicos que llevas escuchando diez años.
Y hablemos del botón de «Aleatorio Inteligente» (Smart Shuffle). Si yo arreglo un enchufe, espero que al darle al interruptor se encienda la luz, no que el enchufe decida por su cuenta encender la batidora porque cree que «me va a gustar la mezcla». ¡Si he hecho una lista de 20 canciones, quiero escuchar esas 20 canciones, no las 50 que el algoritmo ha decidido meterme con calzador!
Hemos pasado de tener el archivo musical más grande del mundo ordenado como una biblioteca sueca, a tener un zoco ruidoso donde la música es lo de menos y retener tu atención lo es todo.
🦖 Reflexión desde el 2026: Me niego a tener que usar gafas de aumento para escuchar un disco. Deberían obligar a todos los programadores modernos a incluir un botón de «Modo Jubilado» o «Modo Artesano»: letras enormes, fondo negro, un botón de Play verde del tamaño de una castaña, y absolutamente nada más. Al final, me veo desempolvando el radiocasete.


Cuanta razón… Yo he vuelto a grabarme la música que quiero pasando de Spotify
¡Sabia decisión! Al final, el mejor ‘algoritmo inteligente’ es uno mismo haciéndose su propia lista a mano. Y lo a gusto que se queda uno sin depender de si hay cobertura o de si a la maquinita le da por cambiarte la canción por sorpresa… ¡Un saludo desde La Cueva!